Los bebés tienen ciclos de sueño más cortos que los adultos. Mientras que un adulto puede permanecer en un ciclo de sueño durante aproximadamente 90 minutos, los ciclos de sueño en los bebés suelen ser más breves.
Entre un ciclo y otro es normal que el bebé entre en una fase de sueño más ligero, lo que puede provocar despertares breves durante la noche.
Estos despertares forman parte del desarrollo normal del sueño infantil.
En los primeros meses de vida es normal que los bebés se despierten varias veces durante la noche.
Esto ocurre porque sus ciclos de sueño son más cortos y porque aún están desarrollando la capacidad de volver a dormirse entre ciclos.
Con el crecimiento, los ciclos de sueño comienzan a organizarse mejor y los despertares nocturnos suelen volverse menos frecuentes.
Cuando el bebé se duerme, su cerebro registra el entorno en el que comenzó el sueño: la luz, los sonidos y el ambiente de la habitación.
Si durante la noche ese entorno cambia — por ejemplo, aparece un ruido repentino o el ambiente pasa de silencioso a ruidoso — el cerebro puede interpretar ese cambio como una señal de alerta.
Esto puede provocar despertares incluso cuando el bebé todavía tiene sueño.
Las rutinas ayudan al bebé a reconocer cuándo llega el momento de dormir.
Actividades como el baño, bajar la intensidad de las luces o leer un cuento pueden actuar como señales que preparan al cuerpo para el descanso.
Con el tiempo, estas rutinas ayudan a que el bebé concilie el sueño con mayor facilidad.
Un entorno de sueño tranquilo puede ayudar a reducir interrupciones durante la noche.
Algunas familias utilizan herramientas como una máquina de ruido blanco para enmascarar ruidos repentinos del entorno y mantener un ambiente sonoro constante mientras el bebé duerme.
Si querés conocer más herramientas para mejorar el descanso infantil, podés leer nuestra Guía completa del sueño infantil.